
Más de una década desde la sanción y aplicación de la Ley Federal de Educación, antecedida por la Ley de Transferencia, 30 años del inicio de la Dictadura que impuso a través del terror, la tortura y la represión una perversa política económica, cultural y educativa, no han pasado en vano.
Hoy, se plantea una oportunidad histórica para todos los argentinos. Enmarcada en un proceso de unidad latinoamericana, se abre la posibilidad de profundizar la construcción de un nuevo tipo de país soberano e independiente. Pero las consecuencias de las políticas de desnacionalización, apertura indiscriminada al capital extranjero, privatizaciones, remate y desguace del estado no cambian por la simple voluntad de una persona o un grupo.
La aplicación de estas políticas neoliberales que entendían a la educación como una mercancía y no como un derecho social marcan aún nuestro presente. Algunas de sus consecuencias visibles son:
Exclusión del derecho a la educación de amplios sectores populares. Aumentaron en estos años el analfabetismo, (la ) deserción escolar, niños, (ninas) y jóvenes que fracasan en su escolaridad y no encuentran en las instituciones educativas propuestas o programas que ayuden realmente a superar las dificultades. Se han consolidado, además, circuitos educativos claramente diferenciados según el nivel social y la provincia de que se trate. Esto es: escuelas para pobres y escuelas para ricos/(as); escuelas de provincias pobres y escuelas de provincias ricas.
· Fragmentación del sistema educativo en 24 subsistemas diferentes.
· “Primarización” de la enseñanza y crisis del nivel medio. Se extendieron formalmente los años de obligatoriedad pero se siguió enseñando lo mismo que en 7 años de primaria. Muchas provincias extendieron la EGB a 9 años, primarizando los primeros años de la escuela media. Esto dio como resultado el desgranamiento y deserción particularmente graves en la educación media-polimodal y la consecuente crisis de ese nivel.
· Destrucción total de la Educación Técnica y Agrotécnica del nivel medio sobre la base de un proceso de desindustrialización que hoy se nos presenta como estratégico para formar a los/ (as) técnicos /(as) calificados/(as) para un desarrollo industrial soberano.
· Las recurrentes crisis presupuestarias de décadas anteriores agravaron la situación salarial docente, la de infraestructura escolar y las condiciones de enseñanza-aprendizaje.
· Desarticulación de la Educación Superior con el nivel medio y la ausencia de un proyecto universitario que aporte a una estrategia de desarrollo nacional con compromiso social.
Hoy, se plantea una oportunidad histórica para todos los argentinos. Enmarcada en un proceso de unidad latinoamericana, se abre la posibilidad de profundizar la construcción de un nuevo tipo de país soberano e independiente. Pero las consecuencias de las políticas de desnacionalización, apertura indiscriminada al capital extranjero, privatizaciones, remate y desguace del estado no cambian por la simple voluntad de una persona o un grupo.
La aplicación de estas políticas neoliberales que entendían a la educación como una mercancía y no como un derecho social marcan aún nuestro presente. Algunas de sus consecuencias visibles son:
Exclusión del derecho a la educación de amplios sectores populares. Aumentaron en estos años el analfabetismo, (la ) deserción escolar, niños, (ninas) y jóvenes que fracasan en su escolaridad y no encuentran en las instituciones educativas propuestas o programas que ayuden realmente a superar las dificultades. Se han consolidado, además, circuitos educativos claramente diferenciados según el nivel social y la provincia de que se trate. Esto es: escuelas para pobres y escuelas para ricos/(as); escuelas de provincias pobres y escuelas de provincias ricas.
· Fragmentación del sistema educativo en 24 subsistemas diferentes.
· “Primarización” de la enseñanza y crisis del nivel medio. Se extendieron formalmente los años de obligatoriedad pero se siguió enseñando lo mismo que en 7 años de primaria. Muchas provincias extendieron la EGB a 9 años, primarizando los primeros años de la escuela media. Esto dio como resultado el desgranamiento y deserción particularmente graves en la educación media-polimodal y la consecuente crisis de ese nivel.
· Destrucción total de la Educación Técnica y Agrotécnica del nivel medio sobre la base de un proceso de desindustrialización que hoy se nos presenta como estratégico para formar a los/ (as) técnicos /(as) calificados/(as) para un desarrollo industrial soberano.
· Las recurrentes crisis presupuestarias de décadas anteriores agravaron la situación salarial docente, la de infraestructura escolar y las condiciones de enseñanza-aprendizaje.
· Desarticulación de la Educación Superior con el nivel medio y la ausencia de un proyecto universitario que aporte a una estrategia de desarrollo nacional con compromiso social.
En esta tarea de desandar la herencia neoliberal, resulta clave la reconstrucción de la Educación Pública en todos sus niveles. Pero debemos ir más allá, y lograr que la educación pública encarne un nuevo modelo educativo. Un modelo educativo pensado desde la pedagogía popular, asumiendo el carácter político de la educación y que aporte a la transformación social.Un modelo de educación pública verdaderamente popular, no solamente porque incluya a sectores de la población que han sido excluidos por las políticas neoliberales, sino que sostenga los intereses de todo el pueblo.
Desde 2003 los K muestran la voluntad política de avanzar en este sentido. Algunas medidas que lo demuestra son: la ley de financiamiento, la Ley de Educación Técnica, la política salarial docente encarada que garantiza un piso de 1400 pesos garantizado por el estado, la puesta en marcha de programas que apuntan a la inclusión educativa con la participación de organizaciones populares como el programa nacional de alfabetización, la convocatoria a discutir la nueva ley de educación con el conjunto del pueblo, entre otras...
Ahora bien, en las actules cirscunstancias por las que atravieza la educación principalmente en la capital federal, se abre mas que nunca el debate del rol que debe cumplir la educacion publica en este modelo de país. Es indudable que debe pisar mas fuerte que nunca y no verse vulnerada por políticas privatizantes ni excluyentes, donde obviamente los mas afectados son los sectores populares. Lo peor de todo es q no se le esta dando la atencion q merece la cuestion. Los sectores con capacidad de presión política no reaccionan en su favor como en otras situaciones. No se advierte un comportamiento solidario como fue con la protesta del campo, donde orgullosamente se decía que "el campo somo todos"... Es inexplicable como se defendieron descaradamente intereses codiciosos de un sector, con cacerolazos, escraches, movilizaciones individuales, "autoconvocadas" o no y no se salga a la calle con el mismo aínco para defender el derecho humano básico a la educación pública. Tampoco reposa en ella una mirada atenta como la q se tiene por la recuperacion de los mercados. Es inexplicable que ademas de limitar el acceso a las becas con argumentos injustificables ahora tambien no se otorguen los kits con articulos escolares basicos que recibian alumnos de bajos recursos. Ambos recortes se justificaban en q "no estaba claro entre quiénes se distribuían", algo totalmennte absurdo e inacepatable.
Por otro lado, la tendencia desliga a sectores de clase media con los de clase baja a traves de la escuela publica, ya q las familias pudientes comenzaron a mandar a sus hijos a la eacuela privada sin q este sector garantize mejores resultados academicos, pero donde los conflictos repercuten en menor medida. Esta tendencia no es irreversible, pero debemos evitar que se construya en el imaginrio colectivo la idea de q la escuela publica se convierta solamente de los sectores mas postergados. Justamente los q no tienen poder de lobby para generar transformaciones.
Hoy mas q nunca debemos exigir y defender un modelo educativo que debe convertirse en un pilar de la transformación del Estado y la sociedad que necesitamos. Que sea una poderosa arma de inclusión e igualdad social, económica y cultural. Una educación pública popular que aporte a la formación de una nueva conciencia histórica nacional, soberana e independiente. Que promueva y garantice la participación social y ciudadana en la solución de los problemas de nuestra patria.


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