sábado, 15 de noviembre de 2008

Colombia: Acusan a Álvaro Uribe de cometer abusos y encubrir violaciones a los ddhh


Algunos gobiernos y organismos de derechos humanos acusan a la actual administración del presidente colombiano Álvaro Uribe Vélez de cometer abusos y encubrir violaciones a los derechos humanos contra su población civil, que cada vez más se convierte en víctima de la violencia y es forzada a dejar sus casas e incluso su país en el contexto del conflicto interno armado entre el Estado, la guerrilla (principalmente las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, las Farc) y los paramilitares.
El gobierno es acusado por abusos contra los derechos humanos A nivel internacional, el actual gobierno colombiano recibe cada vez más críticas de otros países y organismos de derechos humanos por cometer abusos y encubrir violaciones de derechos humanos contra la población civil.La organización Amnistía Internacional acaba de publicar un informe especial sobre la situación de los derechos humanos en el país en 2007. Este informe titulado “´Déjenos en paz´. La población civil, víctima del conflicto armado interno de Colombia” habló de 1 400 homicidios en contra de civiles en 2007, de los cuales 330 fueron perpetrados por las Fuerzas armadas, 300 por paramilitares y 260 por la guerrilla. El informe indicó también que alrededor de 305 000 personas fueron desplazadas por la violencia y 190 desaparecidas durante el 2007.330 ejecuciones extrajudiciales fueron realizadas por las fuerzas de seguridad, según datos arrojados por el informe. El presidente colombiano, que en un primer momento desmintió esta cifra, acaba de destituir a 3 generales y 24 oficiales y suboficiales por su presunta participación en las ejecuciones extrajudiciales llamadas “los falsos positivos”. El escándalo de “los falsos positivos” hace referencia a la macabra complicidad entre militares y paramilitares que reclutan clandestinamente a civiles (principalmente jóvenes) o los raptan para asesinarlos durante patrullas nocturnas irregulares y luego presentar sus cadáveres como los de guerrilleros muertos en combate. Esta estrategia constituye una manipulación para probar la eficacia de las fuerzas castrenses cuyos miembros que logran matar a guerrilleros reciben prebendas de parte del gobierno. Esta situación de violación a los derechos humanos y de violencia contra los sindicatos y otros movimientos sociales constituye una de las principales razones que evocaron los demócratas americanos, entre ellos el recién electo presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, para oponerse a la ratificación del Tratado de Libre Comercio (TLC) firmado por ambos gobiernos desde el año 2006.El acceso al poder del demócrata Obama, quien prometió en su campaña poner los derechos humanos en el centro de su administración, podrá cambiar las relaciones entre ambos países.Sin embargo, hay que esperar la ceremonia de investidura de este último que se prevé para el 20 de enero de 2009 y, sobre todo, la quinta Cumbre de las Américas que se celebrará en Trinidad y Tobago, del 17 al 19 de abril del próximo año, con la participación de 34 jefes de Estado y de gobierno del continente.
Fuente: alainet.org

2 comentarios:

Ernesto G. dijo...

Que pasa que no se comenta el nuevo proyecto de ley de radiodifuisón? No has visto el proyecto, es absolutamente revolú. Vamos pa'delante con la revoú, abajo los terratenientes cipayos.
Opinión
Ahora o tal vez nunca
http://www.pagina12.com.ar/fotos/20090323/notas/na06fo01.jpg
Por Eduardo Aliverti

Las siguientes líneas versan sobre un tema que a la mayoría de esta sociedad le importa un pito. Aclarémoslo de entrada, porque de lo contrario habría quienes puedan pensar, con todo derecho, que el periodista perdió relación con la realidad. O por lo menos, con la realidad que le interesa a esa mayoría.

Los factores de ese desinterés son diferentes pero concurrentes. Más a muy pocos que a muchos puede ocurrírseles ubicar en un lugar privilegiado de sus inquietudes cotidianas el punto de quiénes manejan la radio y la televisión. Y si acaso es modificable. Es un tema al que pueden dedicarse quienes tienen resuelto con alguna comodidad las urgencias coyunturales. También es cierto que, para que la cuestión pudiese alcanzar algún nivel de atracción popular o clasemediera (sobre todo esto último), se necesitaría que los medios habilitasen su difusión y debate con el mismo encomio que le dedican a los profundos pensamientos de Susana Giménez, a la batalla de egos entre Riquelme y Maradona o a que sus periodistas circunspectos pongan cara de “qué nos pasa a los argentinos”, sólo por ejemplo. Y, sobre llovido mojado, hay una crisis internacional de la hostia, elecciones adelantadas, ruralistas otra vez de paro y en las rutas, rabinos que comparan a Kirchner con Nerón, curas que convocan a la pena de muerte y, en fin, un clima generalizado de expectativas desfavorables. Por tanto, el intento de someter a discusión pública el proyecto de nueva ley de comunicación audiovisual tiene tanto de loable como de destino dudoso, por fuera de algunos ámbitos muy específicos. Los multimedios, y alguno muy en particular, no quieren saber absolutamente nada de debate alguno porque, aun cuando saliesen airosos en los números parlamentarios, el sólo hecho de abrir un cotejo de ideas dejaría desnudos sus intereses corporativos. Algunos obrarán ninguneando y otros, como ya ocurrió esta semana, saldrán con los tapones de punta a decir que se trata de amordazar a la prensa y/o que, en todo caso, el momento de crispación que se vive no es lo más adecuado para discutir qué se hace con la radio y la televisión. Nadie saldrá a decirles que hace 25 años que “no es el momento”, y si sale lo ignorarán. La batalla, entonces, se dirimirá en el Congreso si es que la propuesta aterriza allí, con el enorme riesgo de que tanto legislador sensible a los generosos aportes críticos de los medios independientes termine tumbando la ley. Si en la reyerta por la 125 jugó la especulación de con qué cara volverían a sus ciudades y pueblos en caso de no acompañar al “campo”, imaginemos el frío que les correrá por la espalda de sólo pensar lo que les espera si votan en contra del interés de los emporios mediáticos. En síntesis, se sale con dos o tres goles abajo, desde el vestuario, por la enormidad de una correlación de fuerzas desfavorable, en la que se conjugan el poder de una prensa virtualmente monopólica con la flaquísima percepción social acerca de que los medios de masas son decisivos en la determinación de cómo se vive, de qué se consume, de cómo se piensa, de qué se actúa. Y todo esto, sin contar siquiera como hipotético que el oficialismo, más allá de que la propuesta está muy bien elaborada, no esté dispuesto a que la ley pueda ser usada como prenda de cambio para favores electorales.

Bajo semejante panorama hay dos probabilidades: taparse con la frazada de la cabeza a los pies porque no se advierten chances objetivas de continuar avanzando, o dar la pelea en la seguridad de que merece ser dada, porque los medios son una herramienta estratégica de cualquier construcción política que se precie de tal. El firmante no comparte que la única lucha que se pierde es la que se abandona. Se lucha y se pierde tranquilamente. Pero es irrebatible que nunca se gana si jamás se lucha, y ésta es una lid que se justifica. Sería espantoso que los kioscos narcisistas de la progresía política e intelectual le sacasen el cuerpo a que, tras un cuarto de siglo, pueda derrotarse a la ley que los milicos y sus amanuenses civiles (es al revés, en realidad) nos dejaron como rémora casi invicta, como no sea por modificaciones que encima sirvieron para profundizar sus negociados de comunicación concentrada. Sería lamentable que la izquierda no comprendiese como tácticamente imprescindible el consolidar un campo de acción mucho mejor que el actual, para desarrollar un crecimiento concreto a través del manejo mediático. Sería imperdonable seguir recluidos en divagues retóricos, a la espera de la revolución proletaria universal, en lugar de aprovechar para ocupar lugares. Sería todo eso porque ratificaría que la vocación de poder se acaba en proyectos personalistas, y en acaparamiento de tribus de centros de estudiantes de la facultad, y en dar conferencias. Sería todo eso porque avalaría que lo progre y lo rebelde no sabría qué hacer con medios de comunicación propios y afines, por falta de capacitación pero, antes, por ausencia de claridad conceptual.

¿Qué carajo puede cuestionársele, con honestidad ideológica, a que dos tercios del espectro de radio y televisión puedan quedar en manos del sector público, de organizaciones sociales, de universidades, de cooperativas, de sindicatos? ¿Cómo se hace para no estar en contra de que un único permisionario tenga en la misma zona de influencia el diario, la radio, el canal abierto, el canal de cable? ¿Cómo hacemos para oponernos a que haya la posibilidad de que el fútbol no sea un gueto pago manejado por una corporación de atorrantes? ¿Qué decimos? ¿Que no hay que hacerle el juego al kirchnerismo? ¿Y qué cazzo nos tiene que importar el kirchnerismo, que al fin y al cabo no es más que una circunstancia de la disputa interburguesa, si quedan favorecidas condiciones objetivas de ocupación de espacios? Pero más que eso, en lógica de carácter transitivo: ¿entonces le hacemos el juego a Clarín, para ejemplificarlo con alguna cabeza de turco emblemática? ¿Eso vamos a hacer? ¿Vamos a detenernos para siempre en que este mismo gobierno es el que le renovó la licencia televisiva a ese grupo, y el que visteó la fusión de sus empresas de cable, y el que se dio cuenta recién ahora –como la rata en su momento– de que sale muy caro lo barato de comprar medios y periodistas como concepto de política comunicacional? Vamos: se puede reparar en eso para no comer vidrio, pero no paralizarse en eso. Porque quedar paralítico ahí es ser funcional a los intereses del sistema.

Siempre Gramsci, después de todo. Con el pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad. La inteligencia da, para volver al comienzo, que esto le importa más bien a nadie. Y la voluntad es la inteligencia de que hay que aprovechar. Aun si se pierde, será mejor que haberse dedicado a masturbaciones de sectas y proyectos individualistas.

Saludos Josefina desde la monárquica España.

Elecciones dijo...

Con estas cifras, nos damos cuenta que ya es hora de darle un respiro a nuestra democracia, y encontrar a los responsables, para que pagen por todo el daño que le han hecho al pueblo colombiano, pero para elegir a nuestro nuevo dirigente, debemos estar muy bien informados para no dejarnos llevar por ideas populistas que a futuro no seran nada buenas, recientemente encontré un portal colombiano dedicado a brindar información clara y objetiva sobre las elecciones 2010, este portal me está ayudando a ver las elecciones desde otra perspectiva.