
Lo que la era del mercado des-regulado o del neoliberalismo proclamó y hoy llega, esperamos, a su fin, fue el predominio irrestricto de la economía sobre la política estigmatizando el papel de ésta, vaciando de contenido y haciendo así irrelevante a las democracias que se expandían por primera vez en la historia en toda la región. Quizás el símbolo principal de todo ello era la crítica ideológica al Estado y la receta práctica de las privatizaciones y desregulaciones.
La solución por la cual todos claman es la intervención estatal y política sobre la economía. Y la palabra de moda hoy es “nacionalización” o “estatización”. Es la derrota de los verdaderos perfectos idiotas. Pero a un precio que la humanidad no debiera haber pagado.
Hace unas décadas, una elite de los países subdesarrollados se dejó encantar por las modas que venían del Norte y que se basaban en una crítica radical a los esfuerzos, no siempre logrados, que rehacían en nuestros países por salir de la dependencia y el sub-desarrollo. No hay que olvidar que el enemigo principal del neoliberalismo fue el modelo cepaliano y desarrollista. Afortunadamente, tanto la CEPAL como las visiones de centroizquierda que proclamaban la primacía de la política sobre la economía, sin dejar de reconocer la autonomía relativa de ambas, no sucumbieron pese a los esfuerzos que se hicieron desde los grandes poderes fácticos para desprestigiarlas y hacerlas desaparecer y en nuestra región desde hace algún tiempo están teniendo una segunda oportunidad.
Se podrá discutir si una u otra medida de solución de la crisis es más o menos adecuada. Pero el sentido de cualquiera de ellas es unívoco: mayor intervención del Estado, mayor control de los mercados, mayor protección de los empleos y fondos de los grandes sectores vulnerables. Y aquí estamos frente no a un conjunto de medidas parciales, sino frente a la necesidad de un nuevo conjunto de reformas estructurales, a un giro en el sentido exactamente contrario al modelo que se impuso en la década del noventa y que se corrigió sólo parcialmente por parte de organismos internacionales y de algunos gobiernos democráticos: el paso de un capitalismo liberal de mercado que aspira a ser al final una sociedad de mercado, a un capitalismo regulado que abre paso a otras formas de organización de la economía controlada por la política y el Estado y, por lo tanto a un modelo de tipo socialdemócrata y de Estado de protección social.
Y en este sentido, la cuestión emblemática de las nacionalizaciones o estatizaciones cobra todo su valor. Se trata de utilizar la intervención estatal y la pérdida de legitimidad de los grandes poderes financieros para generar un nuevo orden socioeconómico. Y ello obliga a revisar también la cuestión de la institucionalidad política.
Y en este sentido, la cuestión emblemática de las nacionalizaciones o estatizaciones cobra todo su valor. Se trata de utilizar la intervención estatal y la pérdida de legitimidad de los grandes poderes financieros para generar un nuevo orden socioeconómico. Y ello obliga a revisar también la cuestión de la institucionalidad política.
Porque un Estado dirigente y con mayor capacidad de intervención, que nacionaliza parcial o totalmente, por lo que entra a participar en el patrimonio de las empresas intervenidas, requiere a su vez control político y ciudadano.
Es el momento de dar carne a las reformas políticas orientadas a retomar el control responsable de la economía pero también de darles sustento práctico a las tan difundidas proclamaciones del papel de la ciudadanía y la sociedad civil que muchas veces se quedan en retóricas también antipolíticas y antiestatales, pero no generan mecanismos de vinculación entre ciudadanía, política y Estado que efectivamente subordinen a los grandes poderes económicos.
Es el momento de dar carne a las reformas políticas orientadas a retomar el control responsable de la economía pero también de darles sustento práctico a las tan difundidas proclamaciones del papel de la ciudadanía y la sociedad civil que muchas veces se quedan en retóricas también antipolíticas y antiestatales, pero no generan mecanismos de vinculación entre ciudadanía, política y Estado que efectivamente subordinen a los grandes poderes económicos.
Fuente: noticiasdelsur.com


1 comentarios:
Hola:
como siempre, tu blog está bueno. Yo creo que el Estado debe intervenir allí donde es necesario. Y hoy el Estadio puede, y no es casualidad que pueda, es un proceso de juntar superávit para hacer frente a las presiones internacionales y las dificultades internas...
Perdoná, te cambio de tema.
Estuve de paseo en Paraná, y me causó estupor lo que se ha vivido en esa ciudad. Lo publiqué en mi blog, y te aviso para que lo leas, si te parece. Mi propuesta es que repudiemos entre todos estas ofensas, porque no son gratuitas. Hoy el campo va por más, o mejor dicho, por TODO... y ya no respeta nada ni nadie. Es que en mi criterio, el antiperonismo se ha disfrazado de "ruralista".
Estoy mandando a todos los blogs este texto para que digamos donde se pueda, nuestra desaprobación.
Te saludo.
MONA
mi blog es: kalmakampokaminemos.blogspot.com
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